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He dejado atrás el hábito de leer. Ya no leo nada, excepto periódicos, ocasionalmente, literatura ligera y algún que otro libro de apoyo para las cuestiones que pueda estar estudiando y en los que la mera argumentación pueda ser insuficiente.
El modelo literario como tal lo he olvidado, prácticamente. Podría leer por aprendizaje o placer. Pero no tengo nada que leer, y el placer que se desprende de los libros es de tal clase que puede ser sustituido provechosamente por el que el contacto con la naturaleza y la observación de la vida pueden ofrecerme directamente.
Ahora poseo plenamente las leyes fundamentales del arte literario. Shakespeare ya no puede enseñarme a ser sutil, ni Milton a ser íntegro. Mi intelecto ha adquirido una versatilidad y un alcance tales que me capacitan para asumir cualquier emoción que desee y entrar, según mi voluntad, en cualquier estado mental. En la dirección hacia lo que siempre es una lucha y una angustia, la integridad, no hay libro que pueda prestar ayuda.Pessoa.